REFORMAS LABORALES Y LUCHA DE CLASES

José Cademartori

Radio Nuevo Mundo, El Siglo, 30 de Noviembre, 1999

Tal como sucedió con la detención de Pinochet en Londres, otra vez el empresariado reacciona como fiera herida ante la posibilidad de algunas reformas laborales. Entonces no era la suerte personal del tirano lo que realmente los conmovía. Ahora no es tampoco el tenor legal de los cambios laborales propuestos lo que más les importa. La causa de la actual ola de declaraciones histéricas, anuncios catastrofistas y amenazas de guerra de clases, es ante todo, el carácter emblemático que tiene el actual Código Laboral, impuesto por la Dictadura. Nadie ignora que Pinochet y su Plan Laboral arrasaron con los beneficios de los trabajadores conquistados en decenios de lucha democrática. El capital impuso su propia dictadura al interior de los sitios de trabajo. Desde la imposición de jornadas extenuantes, el despido sin causa justificada, la rebaja arbitraria de las remuneraciones, el fin del descanso dominical, el término de las vacaciones pagadas, y condiciones inhumanas de trabajo, hasta limitar el uso del servicio higiénico. Tal es la llamada "flexibilización laboral" que los economistas neoliberales en carta pública pretenden hacer pasar como lo más moderno de la ciencia económica, cuando no es más que la vuelta a la super-explotación decimonónica.

Ya en el Programa del gobierno de Aylwin, la Concertación se había comprometido a una amplia reforma para reponer los derechos de los asalariados. Han pasado diez años sin que se haya cumplido. Ahora el tema vuelve a la actualidad y la razón no es otra que la elección presidencial. Son los propios trabajadores los que, con sus huelgas ejemplares, tomas de locales, salidas callejeras, paralizaciones intempestivas e interpelaciones a los candidatos están obligando a que el asunto se defina. La inusitada campaña de la Derecha Económica ha recurrido a tan falsos argumentos como sostener que aumentaría el desempleo, cuando es la "flexibilización " la que mantiene a 700.000 cesantes declarados; que perjudicaría a los pequeños y medianos empresarios, cuando son los monopolios y grupos financieros los que abusan con las pymes. La Derecha recurre también a sus aliados dentro del oficialismo.  El debate está mostrando una vez más, el nefasto papel de personajes como Foxley, Boeninger y otros influyentes dirigentes de la Concertación. Sus constantes oposiciones a todo avance social o político han contribuido a llevar a este bloque a una continua pérdida de credibilidad en sus electores y bases sociales.

Más allá de lo que sucede en los pasillos y salas del Congreso y más allá de quién sea el próximo Presidente, no será la Concertación la que culmine las reformas laborales y democráticas que la mayoría nacional está exigiendo. Con el apoyo a la lucha exitosa del PC y de las corrientes políticas avanzadas, de la CUT y de las organizaciones populares, es como superaremos el lastre del pinochetismo. En mucho contribuirá a esta tarea histórica el vigoroso respaldo electoral que obtendrá la candidatura de la Izquierda el domingo 12.

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