José Cademartori
Radio Nuevo Mundo, El Siglo, 2 de Noviembre 1999
La victoria de Tabaré Vázquez en la primera vuelta de las elecciones presidenciales coloca a Uruguay en el centro de la atención mundial. La coalición izquierdista FRENTE AMPLIO-ENCUENTRO PROGRESISTA, después de haberse consolidado como tercera fuerza política del país ha pasado a ocupar el primer lugar en el Parlamento, conquistó la mayoría absoluta de Montevideo y está a punto de alcanzar la Presidencia de la República. Para los uruguayos es la primera vez, luego 169 años de gobiernos de derecha y centro, que la izquierda gana una elección nacional. Merecido triunfo para quienes, como el fallecido líder comunista Rodney Arismendi, el general Liber Seregni y otros visionarios dirigentes socialistas fundaron el Frente Amplio en 1971 y para quienes resistieron doce años de cárcel, torturas y exilio. La coalición triunfadora está conformada por partidos, desde socialistas, comunistas, ex tupamaros, socialdemócratas y demócratas cristianos, hasta organizaciones y movimientos sociales como sindicatos, juntas vecinales, ecologistas y feministas. La diversidad no ha obstaculizado la unidad en torno a un candidato y a un programa único que se propone el cambio del modelo económico, con una reforma tributaria que reducirá el IVA y elevará los impuestos a los suntuarios, herencias y altas rentas, enfatizará la producción en desmedro de la especulación financiera y combatirá el desempleo, la pobreza y la corrupción.
El triunfo de Tabaré y del FA- EP, aunque no se repitiera el próximo 28 de noviembre, llena de entusiasmo a la izquierda Latinoamérica. Después del éxito de Chávez y el Polo Patriótico en Venezuela, la hazaña uruguaya es la segunda gran derrota política del neoliberalismo y la globalización en el continente. Demuestra que la gente se cansó del libremercado y su secuela de desigualdades, de la mercantilización de la vida humana, de la marginación para los desposeídos y de los privilegios para los dueños del capital. Al igual que en Venezuela, en Uruguay, el pueblo dijo, basta al bipartidismo, al simulacro electoral, al consenso de los políticos corruptos o sin principios. Hasta en Estados Unidos surgen terceras fuerzas, cansadas de republicanos y demócratas. Se están agotando consignas fraudulentas como el "peligro marxista", "democracia o comunismo", así como las maniobras electorales, como las alianzas espúreas, o el sistema binominal.
Los cambios en la conciencia política de uruguayos, venezolanos, colombianos,
brasileños indígenas y otros pueblos hermanos nos impulsan a cambiar el cuadro
político chileno. En la historia de América Latina hay diferencias, pero
también muchas similitudes. Pueden ser coincidencias el que Tabaré
Vásquez, igual que Allende, sea un humanista y no un tecnócrata; que el Frente
Amplio se fundara en pleno triunfo de la Unidad Popular y que la
izquierda uruguaya y la UP, avanzaran como tercera fuerza hasta ser la primera.
Mientras al FA se le plantea la tarea de conquistar la mayoría absoluta, a la
Izquierda chilena se le plantea para el 12 de diciembre el objetivo de
convertirse en la tercera fuerza y desde allí, conquistar una Nueva Mayoría
Nacional.