José Cademartori
26 de Octubre, El Siglo, Radio Nuevo Mundo
La crisis de la política burguesa se revela una vez más al comprobar la enorme distancia que hay entre la imagen que los candidatos del sistema quieren proyectar y lo que verdaderamente van a realizar. La "imagen" es una cosa, el gobierno real es otra. De la primera se encargan publicistas, comunicadores, politólogos. De lo que haga el futuro gobernante se harán cargo ministros, burócratas y tecnócratas, bajo la mirada vigilante de los grandes empresarios. Para ganar la elección es mejor ocultar el verdadero programa, lo principal es la "imagen". El marqueteo costará 50 millones de dólares y exige pasar por encima de escrúpulos morales, sin reparar en engaños o mentiras. Tan importante es lo que se dice como lo que se calla, lo que aparece en la pantalla, como lo que se oculta en la sombra. Tales son algunas máximas del marqueteo político que aplican las candidaturas de Lavín y Lagos, técnica norteamericana, en la que los candidatos son productos a vender, la elección es un mercado y los ciudadanos, consumidores a los que hay que encandilar con folletos satinados, rayados coloridos, musiquillas pegajosas y ofertones al por mayor. Lavín y Lagos quieren sacar votos del mismo tonel: los conformistas, los votantes de la DC, los más despolitizados. Ambos se disputan el centro ideológico, aquél que no es ni chicha ni limonada, que se sitúa donde calienta el sol. Para eso Lavín oculta sus servicios a la dictadura, se muestra distante de los pinochetistas fanáticos y apoya a Frei en las gestiones humanitarias. A su vez Lagos se aleja de Allende, se dice continuador del gobierno y quiere liberar a Pinochet. El candidato de la Derecha promete igualdad de oportunidades y subsidios a todos, sin tocar el dinero de los ricos. El candidato del gobierno ofrece crecimiento con igualdad, pero, con libre mercado y privatizaciones que sólo fomentan las desigualdades. El marqueteo recomienda a ambas candidatos ideas parecidas, con distintas palabras. Coca o Pepsi, Lavín o Lagos, son los candidatos moderados, los hombres buenos que no harán mal a nadie y beneficiarán a todos. En definitiva, los estrategas electorales buscan una pelea arreglada, sin confrontaciones, sin trapos sucios al sol, después de la cual, gane quien gane, nada cambie, todo siga igual.
Pero si
la derecha se esconde y los grandes fracasos de la Concertación se tapan, la
voz de la izquierda se oye, distinta, franca, verídica. Gladys es la única que
habla del país real, no del país de cartón. Es la única que convoca a
ciudadanos y no a consumidores, la que promueve debate de ideas y no
competencia de imágenes. Es la única que se ubica abiertamente al lado de los
trabajadores y contra los abusos de los poderosos, que no esconde, sino que
dignifica a los partidos que la apoyan. Por eso, por mucho que parezca un
combate entre David y Goliath, la candidatura de Gladys es la verdadera
alternativa frente al Gigante neoliberal y a sus dos servidores.