José Cademartori
Radio Nuevo Mundo, El Siglo, 14 Septiembre 1999
El nombramiento de Eduardo Aninat como sub - director gerente del Fondo Monetario
Internacional ha sido presentado como un "gran honor" para Chile. La
verdad es que Chile como nación no ha recibido ningún honor, ni menos va a
obtener beneficio alguno de tal designación. Aninat en sus nuevas funciones no
tiene ninguna atribución ni poder que
le permita, en el supuesto caso de que así lo quisiera, promover una política
de esa institución en favor de Chile. Formará parte de un cuarteto de
funcionarios altamente remunerados, los cuales se limitan a aplicar las líneas que
adopta la Junta de Gobernadores, donde Estados Unidos, con el apoyo de sus
aliados incondicionales, - Gran Bretaña, Canadá, Alemania, Japón y algunos otros,
- tiene la mayoría absoluta de los votos. La voluntad y los intereses de un
puñado de estados es la que se impone invariable y permanentemente por sobre lo
que opinen los otros 170 estados miembros de la institución. El poder de la
Casa Blanca en el Fondo Monetario Internacional es tal, que aún su director, el
francés Camdesus, y con mayor razón sus ayudantes inmediatos entre los que se
encontrará Aninat, nunca ha tenido una línea opuesta o independiente de
Washington. Incluso se comenta que el norteamericano Stanley Fisher, el número
dos del FMI tiene más poder que Camdesus porque es el hombre del Departamento
de Tesoro en el Fondo.
La designación
de Aninat para este cargo obedece a dos consideraciones políticas. La primera es
demostrar el aprecio que tiene Washington por la política neoliberal seguida
por Aninat en los últimos cinco años. En efecto, el Ministro de Hacienda ha
sido el impulsor de las privatizaciones, el defensor de las transnacionales, el
enemigo de las empresas estatales, el favorecedor de las rebajas tributarias
para los más ricos, el adversario del MERCOSUR y partidario incondicional del
NAFTA, el duro contrincante de los gremios de trabajadores y el dilecto amigo de
las cúpulas empresariales. La segunda consideración es que al designar a un
latinoamericano de origen, el primero que llega a este cargo, se quiere mostrar
una amplitud étnica y geográfica, en momentos en que arrecia la crítica masiva
y las campañas internacionales contra el FMI por sus políticas que han
aumentado la pobreza y la desigualdad en los países donde interviene.
Aninat abandona
el barco, cuando la economía del país se hunde en una depresión de oscuro pronóstico.
La cesantía oficial de 700 mil obreros y empleados, el endeudamiento que
amenaza la ruina de decenas de miles de pequeños empresarios, el aumento de la
miseria, el clima de desesperanza e inseguridad que invade a los chilenos, hay
que agradecerlos a la política neoliberal. Justamente, la conducción del
renunciado Ministro de Hacienda, como la de Massad en el Banco Central, gestión
alabada por los economistas y políticos de la Concertación en consenso con la
Derecha y los empresarios, es la causante principal de la crisis en marcha. También
en esta materia, todos estos responsables debieran decir la verdad, hacerse la
autocrítica, pedir perdón por los daños ocasionados y ceder el paso a nuevas
políticas, esta vez en favor de las mayorías.