José Cademartori
Radio Nuevo Mundo, El Siglo, 10 Agosto 1999
Mack McLarty, un enviado especial de Clinton a América Latina, escribió en el New York Times del 20 de Julio último, un artículo donde resume sus gestiones realizadas en Chile. Allí da cuenta de la calurosa acogida que le dió Frei a la iniciativa de Clinton para que la Moneda le propusiera a la Casa Blanca un Tratado Comercial entre Chile y Estados Unidos que reemplazara al fracasado Fast Track (autorización del Congreso norteamericana) para incorporar a Chile al NAFTA. Mc Larty anticipó que este Tratado bilateral seguiría el modelo del NAFTA y que, ahora sí, el Congreso lo aprobaría. En su artículo, para consumo norteamericano, sostuvo que Chile actualmente ya compraba más productos made in USA que la India y eso le daba un superávit neto de 1.500 millones de dólares anuales. Además, argumentó, si Estados Unidos no se apuraba, Europa iba a quitarle el mercado sudamericano, con sus propuestas de la última Cumbre de Río.
Antes de un mes, Frei, con la obsecuencia que le caracteriza, les dió en el gusto a Clinton y a su enviado especial. El canciller chileno, Juan Gabriel Valdés propuso oficialmente a la Casa Blanca esta semana, dar pasos decisivos hacia un Convenio Comercial Bilateral en la reunión de expertos a realizarse en Octubre en Santiago. De esta manera, en las postrimerías de su mandato, Frei pretende dar una puñalada por la espalda a nuestros asociados del MERCOSUR y del resto de América que acordaron un frente conjunto en las tratativas comerciales con Estados Unidos, así como con Europa. Frei y Valdés pretenden reflotar una propuesta profundamente negativa para el país. El modelo NAFTA o de libre comercio para las relaciones tan desiguales entre nuestros dos países no haría más que acentuar la penetración de los productos subsidiados de Estados Unidos perjudicando a los agricultores chilenos, mientras las transnacionales tendrían más facilidades aún para apropiarse de las ya debilitadas empresas chilenas.
Los gobiernos de la Concertación han sido incapaces de mantener una política independiente y firme frente a la Casa Blanca. Así, por ejemplo, Aylwin y Frei han aceptado que Estados Unidos no indemnice a Chile por el fraude de las uvas envenenadas. Otro ejemplo es el sometimiento de La Moneda a las exigencias norteamericanas que impusieron en 1992 rebajar nuestro arancel aduanero del 35% al 25% durante la Ronda Uruguay. Estas presiones fueron denunciadas recientemente por Roberto Pizarro, alto negociador de la Cancillería. El renunciado Ministro de Frei demuestra cómo Chile ha sido colocado dentro de una verdadera camisa de fuerza, inmovilizado para defender sus intereses económicos, a causa del seguidismo neoliberal y la debilidad de nuestros gobernantes en las negociaciones internacionales. La lección de estos graves desaciertos es que la política exterior no puede quedar en manos de tecnócratas irresponsables ni de políticos débiles. Es necesario la participación activa de las organizaciones sociales, gremiales y sindicales.