José Cademartori I.
Radio Nuevo Mundo, El Siglo, 15 de Junio 1999
Ante todo el Gobierno debiera reconocer que el grave desempleo que está sufriendo el país es consecuencia deliberada de las políticas de ajuste neoliberal que se vienen aplicando desde la época de la dictadura. La Derecha y la Concertación han impulsado un crecimiento económico injusto, depredador y vulnerable, fundado en productos primarios de escaso valor agregado y en la hegemonía del capital foráneo cuyas conveniencias son ajenas a los intereses nacionales. Tan ruinoso dogmatismo ha llevado a despojar al Estado de las facultades y recursos indispensables para conducir a la nación en momentos de crisis como los que vivimos. Se ha demostrado la incapacidad del gobierno y de las cúpulas empresariales que no atinan más que a pedir paciencia y sacrificios, a esperar milagros o a hacer llamados a la confianza, después que todos sus diagnósticos y pronósticos triunfalistas han fracasado. Llegó la hora del realismo y la verdad. Es preciso reconocer errores, renunciar a la sumisión al mercado y a los monopolios privados y recuperar para los chilenos el derecho de construir por sí mismos, su futuro.
Se necesita simultáneamente afrontar la coyuntura actual, aliviar los sufrimientos de los millones de chilenos afectados y, a la vez, sentar las bases de un viraje profundo del rol del Estado en la economía. Hay que cambiar a fondo las prioridades. Más que preocuparse por un 1% adicional de inflación, es urgente reducir en 3% o 4% la tasa de desempleo. Más que un tipo de cambio sobrevaluado para abaratar artificialmente importaciones prescindibles, se precisa una moneda flexible y realista que sustente exportaciones no tradicionales y protega a las empresas nacionales, sobre todo a las Pymes, asegure los puestos de trabajo y la actividad productiva. Enfrentados al déficit de la balanza de pagos corrientes, no se debería permitir el aumento desorbitado e irresponsable de la Deuda Externa y renegociar a plazos más largos sus pagos. Es preferible abstenerse de la entrada de fondos especulativos. Hay que controlar y limitar la salida de capitales al exterior, entre ellos, los ahorros previsionales, cuando más se los requiere en Chile para inversiones y crear empleos. En vez de bajar los aranceles, hay que subirlos, en lugar de elevar la tasa de interés para provocar recesión deliberada, hay que bajarla y orientar el crédito a la producción y no a la especulación. En vez de políticas contractivas, se necesitan medidas reactivadoras. En lugar de seguir privatizando, hay que conservar las pocas empresas de patrimonio nacional que van quedando y recuperar otras, como las eléctricas, cuyos empresarios abusan y se burlan de todos los chilenos.
Se requiere también frenar
la sobreproducción de cobre con la que las transnacionales
mineras deprimen el precio del metal, en perjuicio de la
economía del país. Es indispensable sacar adelante
las reformas laborales para lograr una relación más
equitativa entre capital y trabajo, establecer un verdadero seguro
de cesantía, acabar con los privilegios tributarios de que
gozan determinados sectores, incrementar las inversiones sociales
con el 10% del cobre a las FF.AA. Son indispensables medidas
inmediatas como, condonación o renegociación para
deudores de modestos recursos, postergar los embargos y remates de
viviendas y muebles, suspender, sin trabas burocráticas, los
cobros a los cesantes en hospitales, escuelas públicas y en
los servicios básicos. Impulsar proyectos efectivos en las
comunas más afectadas y subsidios a la pequeña y
mediana minería.