José Cademartori
Radio Nuevo Mundo, El Siglo, 1o Junio 1999
La derrota de Zaldívar en las primarias del domingo no constituye una elección más, de esas en las que algunas veces se gana y en otras se pierde. La aplastante caída del candidato presidencial en las primarias significa que por primera vez desde 1958 la Democracia Cristiana no podrá llevar candidato a la Presidencia de la República. En los últimos 40 años, en los cinco últimos comicios presidenciales, siempre un representante de ese partido estuvo presente en las papeletas electorales. Desde 1965, o sea en los últimos treinta y cinco años de historia política chilena, el Partido de Frei y Aylwin fue sin discusión el Partido más importante del país. Después del 30 de Mayo, la otrora poderosa Democracia Cristiana dejará de ser el eje de la política chilena, generando un vacío que puede alterar profundamente la estructura política partidaria de Chile.
La debacle del Partido de la flecha azul no debiera sorprender a nadie. Venía siendo anunciada por las encuestas que señalaban un desapego persistente revelado por las bajas preferencias por Zaldívar como candidato, como también en la adhesión a la DC, como corriente política. Las reducciones sucesivas de los votantes en las elecciones municipales y en las parlamentarias del 97 confirmaron esta tendencia negativa. También fueron muy significativas las continuos fracasos de los demócratas cristianos en el Colegio de Profesores, otros importantes sindicatos, gremios y federaciones estudiantiles en las recientes elecciones de la CUT. No menor significado tuvieron el desplazamiento de los rectores DC por la decisión de los académicos de las más importantes universidades del país. El Partido fue siendo abandonado por sus bases sociales, particularmente en la clase media y trabajadores. Por otra parte, también es importante tener en cuenta que la DC como movimiento político e ideológico internacional viene sufriendo desde hace una década, fracasos estruendosos, como lo demuestran su liquidación total en Italia, su descomposición en Venezuela, El Salvador, y otros países y la última gran derrota de la DC alemana.
Algo muy profundo ha afectado la mente y el corazón de millones de adherentes que hasta hace una década apoyaban la ideología y la política de las corrientes social-cristianas. Por un lado el abandono de las líneas progresistas del Vaticano II. El doble estándar de Juan Pablo II que lo lleva a condenar de palabra las violaciones a los DD.HH, pero de hecho a defender a Pinochet ; o a condenar de palabra las desigualdades sociales pero, en la práctica, a entregarle a los neoliberales las Universidades, Medios de Comunicación y a apoyar a los gobiernos que sostienen esas políticas condenadas. En Chile la Democracia Cristiana y todos sus líderes, Presidentes, parlamentarios, ministros tienen la principal responsabilidad, aunque no la única, en el incumplimiento de las promesas electorales de los gobiernos de la Concertación, tanto en materias políticas como económicas. Ninguno de sus dirigentes se salva. En los diez últimos años nunca hubo una
corriente de izquierda opositora que advirtiera lo que estaba
ocurriendo. Por eso la tragedia de la DC es más grave y les
será casi imposible recuperar la confianza del pueblo.